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"TRAS LA CORAZA"



CAPÍTULO 1


   —¿Por qué, Alejandra?
   El tono de reproche en la voz de Hugo era evidente, pero junto a él había también perplejidad y desencanto. Alejandra permaneció rígida tras la mesa, retrasando unos segundos el contacto visual con su amigo.
   —¿Por qué, qué, Hugo? —replicó con frialdad la presidenta de Xenelle Corporation.
   Ninguno de los dos ignoraba qué era lo que él reclamaba. Toda una vida juntos los había convertido en libros abiertos el uno para la otra. Por ello Hugo, ante el evidente desafecto contenido en la réplica de Alejandra, vaciló. Sabía que no podía haberse equivocado tanto, que Julia le había llegado de un modo distinto, y estaba casi seguro de que Alejandra había asumido también esa certeza. Y, sin embargo, ahí estaba de nuevo, la mujer que nunca echaba la vista atrás. Se dio cuenta, con tristeza, de que esa mañana de lunes miraba a los ojos de una desconocida. La había visto crecer y convertirse en la mujer disciplinada y contenida que era. No era ningún secreto para él (en realidad, para nadie) que Alejandra se conducía en sus relaciones personales con un distanciamiento emocional que las convertía poco menos que en meras transacciones físicas. Pero eso había sido hasta Julia, y Julia parecía haber sido el punto de inflexión en la vida de Alejandra. Hugo sabía que había algo especial entre ellas. ¿Y ahora, esto? Jamás se habría esperado lo que hizo Alejandra el viernes por la noche. No ella, no a Julia, no del modo como lo hizo. ¿Qué le había pasado? ¿Acaso había regresado la Alejandra insensible, la mujer acostumbrada a desechar mujeres como quien descarta complementos de moda? Y si así era, ¿por qué?
   Había pensado en ello de modo incansable durante todo el fin de semana, sin más resultado que una creciente frustración. Le había sido imposible localizar a su amiga, pero Hugo no se rendía así como así. Con una mujer como Alejandra, no. Alejandra, con él, siempre tenía una última oportunidad, pasara lo que pasara, hiciera lo que hiciese. Así había sido desde que eran niños, incluso antes del terrible suceso que terminó con su inocencia de un modo brutal e irreversible. Aquello les afectó de modo distinto, y Hugo fue siempre consciente de que para ella fue tan devastador como determinante: el germen de la mujer en la que se convertiría de adulta. Pero también lo era de que, a partir de aquel fatídico día, su conexión alcanzó un grado mayor, sobre todo por parte de él. Por un injustificado sentimiento de culpabilidad (¿qué podría haber hecho ante lo que ocurrió?) en Hugo había arraigado un mecanismo sobreprotector en forma de férrea lealtad que le hacía ser indulgente con Alejandra más allá del punto en el que muchos habrían tirado la toalla y emitido el veredicto. Pero, hasta ahora, Alejandra no había hecho nada parecido, jamás había hecho un daño tan gratuito a nadie y bien sabía él que algunas de las mujeres que se habían acercado a ella lo merecían. Y, precisamente, lo que más le dolía, se lo había hecho a Julia, la única mujer decente que su amiga había conocido en años, y la única capaz de abrir una brecha en la coraza de la presidenta de XeCo.
   Por todo ello, Hugo no iba a detenerse. No hasta averiguar qué había detrás de su incomprensible y reprochable comportamiento. Con esa idea había ido hasta su despacho en cuanto supo que había llegado a la sede de la empresa. Entró sin llamar, se acercó a la mesa y se inclinó, apoyando sus palmas sobre la pulida superficie de madera, la mirada fija en la de Alejandra. Hugo medía más de metro noventa y rondaba los ciento treinta kilos, un físico idóneo para intimidar en según qué circunstancias. Sin embargo, su serena voz contrarrestaba esa primera impresión. Tomó aire y dijo, esta vez con un tono más comedido:
   —Julia está destrozada.
   Por la mirada de Alejandra cruzó una fugaz línea de tensión, pero tan rápido como apareció se fue, sustituida por una sombra de indiferencia. Con una tensa mueca en sus labios tamborileó los dedos contra la mesa, clavando la mirada en la de Hugo. Era una mirada que había hecho temblar a más de un Consejo de Administración, a gallitos engominados con relumbrantes MBA bajo el brazo y ejecutivos con pantalón de raya diplomática que habían tenido el infortunio de cruzarse en su camino. Una mirada que nunca había tenido para Hugo.
   Hasta hoy.
   —Te vas a Westfalia unos días —dijo en tono seco—. Tenemos un problema en una de las filiales de allí. Sales hoy mismo, en un vuelo a las nueve de la noche.
   El rostro de Hugo se convirtió en un crisol de emociones, pasando de su inicial indignación al más genuino desconcierto, al tiempo que sus ojos escaneaban la mirada de su amiga, como si tratara de desentrañar de entre sus líneas algún mensaje perdido. Pasados esos segundos, ocultó su reacción bajo una máscara impertérrita, al tiempo que la rigidez se adueñaba de su mandíbula.
   —Si quitarme de en medio para evitar mis reproches te hace sentir mejor, hazlo —le espetó, cortante—. Pero no me cerrarás la boca tan fácilmente. —Se inclinó hacia adelante, clavando la mirada de forma tan intensa en la de Alejandra que parecía como si quisiera robar el color de sus pupilas con su sola voluntad. Con una calma que estaba muy lejos de sentir, añadió—: Pensé que esta vez sería distinto, Álex. Pensé que por fin habías encontrado tu reino en el corazón de otra persona.
   La mirada de Alejandra sufrió un leve sobresalto, pero enseguida la ocultó tras un muro glacial.
   —No ha ocurrido nada que no haya pasado ya antes —replicó, airada—. Y no es asunto tuyo. Ocúpate de lo de Westfalia, es urgente. Mi vida privada solo me concierne a mí —le advirtió.
   Él demoró su mirada solo un par de segundos más, antes de echarse hacia atrás, irguiéndose.
   —Por supuesto. Como quieras, jefa. —Imprimió un deje hiriente a la última palabra, antes de dar media vuelta y abandonar la habitación.
   Cuando la puerta se cerró tras él, Alejandra entrelazó las manos y apoyó en ellas la barbilla, la rigidez delineando sus hombros. Permaneció con la mirada perdida unos segundos y después, como si nada hubiera pasado, se sumergió en lo que mejor sabía hacer: dirigir con mano de hierro el conglomerado de empresas heredado de su padre, una labor a la que había consagrado prácticamente toda su vida.

 **

   Tommy se detuvo en el umbral del salón, observando con frustración la figura derrumbada en el sofá. La energía que siempre había caracterizado a su amiga había desaparecido. Un mechón de su pelo, largo y oscuro, caía sobre su rostro, ocultando sus otrora vivaces ojos marrones, que Tommy sabía ahora apagados. Hasta el óvalo de su rostro, que le confería un aspecto dulce y sereno, parecía haberse afilado. Desalentado, tomó aire y se sentó junto a ella, palmeando su rodilla.
     —Eh, Jules. ¿Cómo vamos, perla?
  Cuando Julia le miró, las oscuras bolsas bajo sus ojos parecieron acentuarse.
  —No es tan trágico —dijo con tono monocorde—. Solo es un revés sentimental. Hay cosas peores en el mundo.
   Tommy hizo una mueca. Su anguloso rostro picado de viruela se plegó en un gesto de disconformidad, y el largo flequillo, lacio y rubio, cayó sobre sus ojos, antes de apartarlo con un soplo.
   —No digas eso. Tienes derecho a que te duela y a ser consolada. No te me pongas ahora en modo ONG, por favor. Por una vez, piensa solo en ti.
   —Lo superaré —dijo Julia sin convicción.
   —Y yo la mataré —declaró su amigo—. La haré picadillo, lo juro. Un día de estos me la cruzaré en el hospital y me encargaré de esa perra sin corazón.
   —Tommy...
   —¿Qué? ¿Que no? Verás tú. La achicharraré en un barril de ácido. En el que la meteré, por supuesto, de una patada directa en su rico y sexy culo.
   —Tommy...
   —¿Qué? —repitió él, exasperado ante el tono de advertencia de Julia—. Esa zorra se lo merece.
   —No hables así de ella, por favor.
   —¿Que no...? —Tommy agitó las manos, escandalizado—. ¡No me vendrás ahora con que la defiendes!
   —Solo quiero que no hables de ella, ni bien ni mal.
   —Cualquiera podría decirte lo mismo que yo.
   —Podría. —Julia le miró con intensidad y Tommy se encogió ante esa mirada, cercada por la fatiga y la tristeza—. Pero ¿de verdad crees que eso es lo que quiero oír ahora?
   —No, supongo que no —aceptó Tommy, curvando los labios y replegando toda agresividad—. ¿Te abrazo?
   —Gracias, pero preferiría no derrumbarme por enésima vez. Lao y tú vais a acabar hartos de mí. En realidad, debería irme a casa. Ya soy mayorcita para buscar refugios ajenos, y bastante tenéis con ocuparos de un bebé como para hacerlo también de mí.
   Tommy cabeceó enérgicamente.
   —Nah, nah, nah. Te vas a quedar aquí quietecita y Lao y yo te abrumaremos con nuestra inquebrantable amistad, nuestro arrasador consuelo y nuestro mejor alcohol. Además, desde que estás aquí, mi salida esposa me acosa menos y Tobías parece que berrea en tono menor por solidaridad. —Alzó las cejas, sonriente.
   Julia sonrió y apretó su mano.
   —Gracias.
   Suspiró hondo, abrumada. En realidad, le daba pánico la idea de regresar a su apartamento y quedarse a solas. Desde el viernes se sentía completamente desnortada. Había pasado todo el fin de semana sumida en una nube de desconcierto y dolor, y ese lunes nada parecía indicar que ambas cosas no continuaran ahí, intactas en su intensidad e inmensas en su manifestación.
   Tommy se mordió el labio, lanzándole una mirada de pesar.
   —¿Sabes? Realmente, lo hago por mí. Son los remordimientos, no puedo con ellos. Tú tenías razón aquel día. Al final ha sido lamento tipo «Cómo me rompió el corazón aquella mujer». —Torció el gesto—. Y yo te empujé a ello.
   —Tú no tienes la culpa de que me enamorara, Tommy.
   —Pero insistí en que lo intentaras.
  —No, olvídate de eso. ¿De verdad crees que alguien puede mandar sobre los sentimientos de otra persona? ¿Que me enamoré porque me lo dijiste? —Hizo una mueca—. Sabes que suelo ser bastante competente a la hora de joderme la vida yo solita. Me empujaste en la dirección correcta. La que dio el volantazo fue otra persona, no tú, ni yo. Esas cosas pasan. Y te agradezco que lo hicieras, por supuesto. —Sonrió débilmente—. ¿Qué sería de nosotras las taradas si nuestros amigos no velaran por nuestro bien? —Hizo una breve pausa y añadió, en un tono más frágil—: En principio, la ecuación era correcta.
   Por la mirada de Tommy cruzó una sombra de preocupación. Había algo más que le inquietaba, y era el inminente viaje de cooperación de Julia. Era evidente que no estaba en las mejores condiciones anímicas para algo así.
   —Oye, Julia, en cuanto a lo de irte al Chad... No sé, tal vez deberías aplazarlo.
   —O quizás sea justo lo que necesite en estos momentos —replicó ella con determinación—. Una inyección de realidad que sitúe las cosas en su justa escala de importancia.
   —No seas tan dura contigo misma —protestó él—. Ya te he dicho que tienes derecho a sentirte como te sientes. Te vas en unos días y, perdona que te lo diga, pero en estos momentos eres como un petrolero intentando frenar en alta mar. No vas a dejar de sentirte como lo haces porque así se lo ordenes a tu corazón. Necesitas tiempo para curar la herida.
   —Estar allí lo hará. Ver heridas reales lo hará. En comparación con el sufrimiento de esa gente, el mío es casi obsceno.
   —¡Pero qué cabezota eres! —exclamó Tommy—. Y egoísta, ¿sabes? —Su amigo se encaró con ella—. Lao y yo estaremos muertos de preocupación por ti.
   —Me he comprometido.
   —Por una vez en tu vida podrías comprometerte contigo, joder, Julia —dijo él con vehemencia—. Solo aplázalo un tiempo y ya está.
   —No.
  El bufido de Tommy fue de pura frustración, pero acabó sacudiendo la cabeza en un gesto rendido.
   —Vale, dime qué puedo hacer para que vaya mejor.
  —Ya lo haces, Tommy. Estoy en tu casa, estás a mi lado. No tienes que hacer nada más.
   —Pues, ¿sabes? —Tommy se palmeó las rodillas—, tal vez no la mate, pero iré a hablar con ella y le pediré explicaciones.
   Julia le miró, alarmada.
   —No harás tal cosa.
   —Pues hazlo tú —la desafió.
  En los ojos de Julia bailó la tristeza antes de que las palabras, en el mismo tono, salieran de sus labios.
   —Creo que una humillación por década es suficiente, ¿no crees? Si hizo lo que hizo y del modo en que lo hizo, no quiero saber nada de ella.
   —Oye...
  Julia le interrumpió con un gesto.
  —Tommy, te agradezco lo que intentas hacer, de verdad. Pero ya basta, por favor. Solo quiero pasar página. Ha sido un espejismo. Creí en ella, creí que me quería, pero al parecer no era así o ese sentimiento no ha sido suficiente para ella.
   —Se merece que alguien le diga a la cara lo miserable que ha sido.
  —Solo se ha limitado a ser como es. O, tal vez, fue lo suficientemente inteligente como para saber antes que yo que lo nuestro no iba a ninguna parte. Fui yo la que se equivocó creyendo que sería de otro modo por mí. Creí que había llegado hasta la mujer que se escondía tras la imagen pública. Me equivoqué.
   El timbre de la puerta sonó en ese momento y Tommy consultó la hora en su reloj de pulsera. Miró a Julia con cara de circunstancias y una vacilante sonrisa en los labios.
   —Jules, ¿puedo recordarte que no hace ni cinco minutos te has mostrado contraria al uso de la violencia física? —Se levantó, encaminándose hacia la puerta de entrada—. Lo siento, pero el viernes, cuando volví a casa, lo llamé cabreado para pedirle explicaciones, me dijo que no sabía nada, se cabreó a su vez y me prometió que en cuanto supiera algo me llamaría. Lo ha hecho hace un rato. —La miró—. Es que has desconectado tu móvil —ofreció como última justificación, encogiéndose de hombros—, e insistía en hablar contigo.
   —¿Quién? —preguntó Julia, frunciendo el ceño, antes de reconocer a la voluminosa figura enmarcada en la puerta que acababa de abrir Tommy.


CAPÍTULO 2

   Tres meses antes...


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13 comentarios:

  1. Hola Clara,que tal?. Por estos lados ansiosa por leer la novela. Tienes idea de cuando estará en Amazon? Ya que es por donde me puede llegar. Saludos y felicitaciones por esta nueva historia.

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    1. Por cierto, muchas gracias por tus reseñas en TODOS mis libros en Goodreads. Te estoy muy, muy agradecida. :O)

      ¡Un beso!

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    2. Hola, no tienes que agradecer, faltaba más!.Creo que es lo menos que podemos hacer para agradecer tu dedicación y talento. Y si ayuda a que más personas accedan a tu trabajo mejor aún, será bueno para ti y el descubrimiento de una gran autora para los nuevos lectores!.Asi que ganamos todos ;).Cuando acabe "Tras la coraza" te dejo otro allí y en Amazon.Beso

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    3. Sí, Verónica, lo cierto es que sí es de agradecer. Son muy, muy poquitxs, lxs lectorsxs que se toman la molestia (porque yo entiendo que lo es), de comentar o promocionar. Y, lamentablemente, dada la ingente cantidad de títulos y autorxs que proliferan hoy en día, comentar, reseñar, valorar y difundir son herramientas muy valiosas para destacar entre el mar de libros.Y eso, ciertamente,solo lo pueden hacer lxs lectorxs.

      Así que, sí, te lo agradezco inmensamente. :O)

      Un beso.

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    4. Ante eso solo debo decir que el agradecimiento es mutuo. Ya terminé el libro y te dejé los comentarios. Me gustó mucho y siempre es un placer leerte. Lo que si me gustaría comentarte es que no se si te acuerdas que te había comentado por Twitter que no podía comprar "ábreme con cuidad" desde mi país, Amazon no me daba la posibilidad. Tu me pusiste en contacto con la editorial pero no me resolvieron nada y ni siquiera se tomaron la molestia de decirme, si era el caso, de que la solución no estaba en sus manos. Creo que ese tipo de cosas a veces desmotivan al lector, ya que creo que solo con un mensaje de que no podían hacer nada por lo menos sentis que les importa algo. De todos modos, en mi caso, el libro ya lo conseguiré sea que me lo traiga alguien que vaya por tu país o que venga de allá. Besos y hasta la próxima.

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    5. Oh, vaya, siento leer eso que dices. Qué raro, por lo general, Alberto y Gonzalo (los editores) suelen estar atentos a esos detalles. ¿Me escribes al correo (claraasunciongarcia@gmail.com) y me cuentas el caso otra vez? Y ya me pongo yo en contacto con ellos para hacer las averiguaciones pertinentes, ¿te parece?

      Y, en fin, gracias de nuevo por tomarte la molestia de dejar comentarios. ¡Te voy a poner 5 estrellas en mi tablón particular de comentaristas! ;O)

      Me alegra muchísimo saber que la historia te ha gustado. ¡Me quitas un peso de encima!

      ¡Besos!

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  2. Hola Clara,que tal?. Por estos lados ansiosa por leer la novela. Tienes idea de cuando estará en Amazon? Ya que es por donde me puede llegar. Saludos y felicitaciones por esta nueva historia.

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  3. Hola Clara de nuevo. Ya apareció en Amazon y ya lo compré en la versión electrónica así que ahora a disfrutarlo!!. Estoy feliz :) Te mando un saludo a la distancia.

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    1. Jaja, vale. Cuestión resuelta, pues. Perdona, es que voy algo retrasada con las Redes y voy loca. Me alegra saber que ya lo tienes.¡Ya me contarás!

      Y muchas gracias por confiar en la historia.

      ¡Saludos también desde aquí!

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    2. Nada que perdonar y lo de la confianza la tienes más que ganada con el talento que nos brindas en cada nueva historia. La voy a comenzar ahora que ya terminé el libro que estaba leyendo. Apenas la termine te cuento. Saludos

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    3. ¡Cruzaré los dedos! Mil gracias. ;O)

      ¡Besos!

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  4. Este capítulo promete, ya tengo deberes para cuando acabe Elisa Frente al Mar. Un saludo Clara y gracias de nuevo por el libro!

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    1. Gracias a ti por leer, Paula. Ya me contarás.

      Besos,

      Clara

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